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EL DESAFIO DE ESTOS TIEMPOS



Las dificultades que experimentó la economía Argentina entre diciembre y febrero, trajeron a primera plana la necesidad del aumento de las exportaciones. Más allá de que es cierto que las exportaciones primarias constituyen la manera más rápida de generar divisas en el corto plazo, que genera empleos en el interior y que moviliza la producción de las economías regionales, sigue siendo claro que a la misma se le debe agregar valor.

Sin caer en el simplismo de creer que es fácil lograr ese cambio, se requiere a mediano y largo plazo sustituir gradualmente esas exportaciones por otras de mayor valor agregado, de manera de industrializar esa producción en las provincias, aumentar el producto bruto de cada una, generar más y mejores empleos en el interior y elevar el nivel general de salarios.

Esta urgencia por las divisas no debe hacer perder de vista el objetivo central de la política económica, que es el desarrollo del país. El único modo factible para que una nación se desarrolle y que mejore la situación económica de la gran mayoría de la población es la acumulación sostenida de inversiones, a lo largo de muchos años, generando más capacidad local y más y mejor calidad de empleo nacional. No hay otro camino para lograr un verdadero cambio estructural hacia el desarrollo. Éste depende del desarrollo industrial.

Si bien es cierto que la producción primaria es y ha sido históricamente el sector más competitivo de nuestra economía, eso no debe impedir ver que es el primer paso de una cadena de valor, que debería ser mucho más larga, para aumentar el empleo, la productividad y la producción de las economías regionales.

Todos los años, el 85% de las importaciones (63.000 millones de dólares en 2013) son productos industriales de alto valor agregado. Al contrario, y si bien en la última década la proporción ha crecido, sólo 35% de las exportaciones son bienes industriales (cerca de 28.500 millones de dólares en 2013), lo que implica que el intercambio de productos con el mundo no es favorable para el empleo nacional. El trabajo que contiene el conjunto de los productos que se traen del exterior es de mejor calidad que el que contiene lo que vende la Argentina. La diferencia en este rubro es de 35.000 millones de dólares anuales, un enorme desafío.

La convergencia de los sectores primario e industrial no debería provocar las tensiones y disputas que ha provocado históricamente en nuestro país. Es un proceso que han logrado hacer confluir las naciones desarrolladas. En Argentina, este proceso, que pareciera lógico y razonable, y también rentable desde lo individual y desde lo colectivo, es tremendamente complicado en la práctica de la realidad. No existe un consenso semejante y parece muy difícil que se alcance en el corto plazo. Es el más grande desafío de este tiempo y una de las llaves del futuro.

No tenemos un sector industrial o un grupo de industrias privadas que se plantee seriamente liderar un proceso de desarrollo industrial capitalista, capaz de arrastrar al conjunto de la economía en las próximas décadas. Es muy difícil que las empresas líderes actuales quieran salir al mundo, cuando dos tercios de las 500 más importantes, son filiales de empresas multinacionales, a las que no les interesa salir de la región.

Dado que el Gobierno no puede conducir un proceso de industrialización sólo a partir de las empresas del Estado, ni descansando en las acciones del sector privado, la apuesta de largo plazo pasa por generar oportunidades y negocios a partir de proyectos industriales liderados por las empresas que controla el Estado, al que sumar necesariamente un núcleo fuerte de sectores y empresas privadas para que sigan esa ruta.

Resta definir cuáles serán los sectores económicos que liderarán el proceso exportador industrial. Esto implica identificar los cinco sectores económicos en los que debería concentrarse la acción gubernamental para alcanzar una alta especialización y competitividad internacional, para atraer el ahorro y la inversión y expandirse hacia el exterior en forma genuina.

El grupo que más condiciones reúne para esa tarea es YPF. El proceso de inversiones en marcha podría generar un fuerte impulso al crecimiento global de la economía, hacer crecer las economías regionales, desarrollar de cientos de empresas proveedoras competitivas, crear miles de puestos de trabajo de alta calidad y alta productividad, y lograr un ahorro de divisas, tanto por la sustitución de importaciones que genera su producción, como por nuevas exportaciones que podrían lograrse.

Por ello se requiere un Plan de Exportaciones, liderado por el Ministerio de Industria y la Cancillería para multiplicar este proceso hacia otras áreas e industrias. Hay que generar apoyo político en esta dirección. Es la única manera de lograr un cambio estructural.


Santiago Solda
Economista
A.I.E.R.A.



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